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La Rioja
Mapa de la provincia

 

Itinerario

 

Desde la ciudad capital, tomando hacia el sur por la Ruta Nacional 38, nos dirigimos a uno de los nudos viales más importantes de la provincia, se trata de la ciudad de Patquía, que se caracteriza por ser cruce de caminos que llegan desde los distintos puntos cardinales de la Argentina.
Esta ciudad , originalmente fue fundada en 1890; y este lugar encierra mucha historia, ya que fue el asiento de uno de los caudillos riojanos, el General Angel Vicente Peñaloza (apodado el Chacho).
Esta localidad es lugar de pernocte para aquellos que quieren visitar a conciencia el valle de Talampaya.
Patquía ha logrado sobrevivir con una actividad exótica en la Argentina que es el cultivo de dátiles; con grandes superficies que ostentan las palmeras que permiten casi recrear los oasis de muchos países del desierto africano.

Saliendo desde Patquía por la Ruta Nacional 150, que luego se transforma en la provincial 26, se accede a las Puertas de Talampaya.

Talampaya: un recorrido por el pasado geológico
 

Este lugar tan particular de la provincia tiene su homónimo en Ischigualasto, en la provincia de San Juan; y fue objeto desde la década del ´70 de numerosos estudios científicos que intentaron explicar las formas expuestas, lo intrincado de sus cañadones, la inconmensurable aridez y la historia de un planeta que no termina de definir su idiosincrasia.

Un ingeniero llamado Correa Luna se dedicó a recorrer la zona, y estimó necesario preservarla con la creación de un Parque Nacional, en una superficie que englobaba cerca de 250.000 hectáreas, aunque finalmente se redujo a casi 40000 hectáreas.
Existe un centro de interpretación, que cuenta además con una confitería y sanitarios para aquellos que lleguen hasta el planchón de estacionamiento, donde deberán dejar los vehículos; ya que existe un servicio especial de transportes y guías que nos acercarán a alguno de los 5 recorridos propuestos por el parque.

Este parque ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 2000.
Reconocido por los aborígenes como un sitio sagrado, fue recorrido como un verdadero santuario por numerosos grupos que dejaron su impronta en los petroglifos que se localizan en distintos lugares del parque entre los que se destacan “Los Pizarrones”.
Los Pizarrones
 
     

El término Talampaya es de origen quechua, y significa “río seco del Tala”, refiriéndose a un árbol típico de la zona, y con una definición más que sugerente del paisaje general que se manifiesta en la región.

Si analizamos en su conjunto el relieve, debemos hablar de una gran cuenca que en un pasado geológico tuvo un clima más benigno, con numerosos cursos de agua y extensas zonas pantanosas.
La región sufrió la influencia del surgimiento de los Andes, recibiendo toneladas de sedimentos volcánicos provenientes de la cordillera en plena eclosión, razón por la cual comenzó a cambiar climáticamente; hasta quedar transformados sus cursos fluviales en hilos de agua que terminaron por desaparecer y se transformaron en cañadones (cursos fluviales secos).

La erosión eólica hizo un trabajo ímprobo en la zona, generando formas caprichosas en las que predominan los colores rojos intensos, dada la existencia de importantes acumulaciones de óxido de hierro.
La erosión ha provocado paredones verticales de más de 100 metros de altura, que conforman un esbelto acantilado, con caprichosas formas.
El clima árido se manifiesta con un monte achaparrado donde existen bosques de algarrobo, mezclados con jarillas y retamas que le dan una coloración amarillenta tan particular.
Se han realizado en la zona importantes relevamientos paleontológicos, que han permitido identificar fósiles de reptiles y anfibios que poblaban este territorio durante el Triásico.

Los recorridos del parque han sido organizados en torno a 4
  circuitos, que ofrecen al visitante el verdadero esplendor geológico de la provincia.  
 

Uno de los más realizados es el de “Los Pizarrones”, que implica un recorrido de casi 4 horas de duración; y en el cual se sigue el cauce seco del río Talampaya, enmarcado por sierras que tienen 200 metros de altura.
Las paredes de la quebrada, han sido un pizarrón natural donde los nativos expresaron su forma de vida, sus temores y sus creencias.
Las formas más comunes son las figuras humanas con enormes máscaras, los rastros de avestruz, y otras formas de animales que rodeaban a estos primitivos hombres.
Justo delante de los petroglifos se localizan “los morteros”, también conocidos como “tacitas”, que representan verdaderos cubículos donde los nativos preparaban los colores para las representaciones en estas paredes naturales.
En esta zona aparece un primer conjunto de 19 tacitas, aunque si recorremos a conciencia la región nos encontraremos con otro grupo de morteros que no son más que rocas horadadas, junto a las cuales también se han podido determinar la presencia de restos de alfarería.

El segundo circuito es el denominado “El Cañón", diagramado para un trayecto de 2 horas aproximadamente, que nos lleva a recorrer parte del cañón de Talampaya, donde descubriremos las formas más insólitas del lugar.
Aquí, las areniscas rojas han sido esculpidas por la acción eólica hasta tomar formas insólitas, entre las que se destaca el Monje, el Centinela, la Catedral, o la Torre de Ajedrez.
En el fondo del cañadón se observa como un marco inigualable el Nevado de Famatina, que es el que provee a la zona el agua de deshielo que llega hasta el lugar.
El Monje
Los Cajones, representan otro de los escenarios majestuosos de este recorrido. Se trata de la zona de nacimiento del río Talampaya, ubicado a más de 1600 metros de altura.
Este trayecto dura alrededor de 6 horas, y los visitantes se pueden internar en el cañadón mismo que en algunos tramos se angosta permitiendo una acústica extraordinaria.
Algunos hilos de agua llegan hasta esta zona, permitiendo una vegetación un poco más intensa que en el resto de la región.
Pequeños cóndores sobrevuelan la zona de Los Cajones, permitiendo al visitante obtener unas fotografías espectaculares.
Los Cajones
Uno de los platos fuertes de la zona está representado por la Ciudad Perdida.
Esta región dentro del parque es un gran cráter que contiene en su interior una suerte de damero laberíntico, donde la erosión eólica y fluvial han provisto a las rocas de las más insólitas formas.
Casi fantasmagórica, como una ciudad en ruinas se puede recorrer por los numerosos senderos naturales que representan los arroyos secos que discurren entre las formas más enigmáticas.
Ciudad Perdida

En las inmediaciones del lugar existe un mirador natural, representado por una roca de origen basáltico, que resalta por su renegrido color, este Mogote Negro puede ser ascendido sin dificultad y desde allí les aseguramos tener las mejores panorámicas de esta ciudad tan particular.
Muy cerca de la formación se encuentra “el Hotel”, que no es otra cosa que un añoso algarrobo, única posibilidad de acceder a un poco de sombra en muchos kilómetros a la redonda.
Este circuito tiene una duración aproximada de 10 horas, razón por la cual hay que organizarlo desde muy temprano.

 
     
 
 
 
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