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Se puede llegar a esta localidad, que conforma con otras la famosa Comarca del Paralelo 42°, por distintas rutas: todas ellas de ripio que nos permiten el acceso desde El Bolsón, Lago Puelo o Esquel.
Ubicada en plena meseta patagónica, esta localidad tan particular se asienta en un pequeño valle glaciario surcado por el río Chubut, permitiéndole desarrollar su actividad económica. Su territorio marca la transición entre el bosque andino y la estepa patagónica. |
Colonizado a fines del siglo XIX, fue un vecino, Don Abrahan Breide, el impulsor del poblamiento del lugar, organizando primero una escuela y más tarde una estafeta de correo y la comisaría.
En 1939 llega finalmente el tendido de la red ferroviaria con una innovación que es la llamada trochita, ya que la distancia entre rieles es de apenas unos 75 centímetros.
Muchos lugareños vivían gracias a los puestos de trabajo que produjo este ferrocarril, que tenía asentado en El Maitén sus talleres de reparación y acondicionamiento de sus vagones y locomotoras. Hasta que en el año 1993 fue cerrado por considerarlo deficitario y todos sus empleados despedidos.
Gracias a la intervención del gobierno provincial, es reabierto en el año 1995 como el “Museo Viviente Expreso Patagónico La Trochita”.
Hoy, se lo considera como un relicto de los medios de transporte en la Argentina y con su locomotora original y los vagones de madera con calefacción a leña, presta servicios entre las localidades de El Maitén y Esquel.
Hay un paseo que se realiza diariamente, preparado para los turistas y en el que se recrean viejas expectativas de un pasado que fue floreciente.
Un paseo en La Trochita

La locomotora es sacada del galpón, enganchada y finalmente puesta en el andén. Ruidosa máquina que nos transporta al siglo pasado y nos sumerge en las posibilidades de todos aquellos que hicieron grande este recóndito paraje de la provincia del Chubut.
Una vez que todos los turistas se embarcan en esta aventura, la locomotora emprende un camino inverso que nos lleva unos cuantos metros hasta el puente que cruza el río Chubut, descenso obligado para obtener la fotografía casi cinematográfica.
Luego, todos de vuelta en el tren nos sumergimos en la meseta patagónica que va cambiando paulatinamente sus colores, sus tonalidades, sus olores.
En invierno el paisaje se torna espectacular, ya que el tren atraviesa la meseta totalmente nevada y se tiene una idea acabada de la inmensa Patagonia, que resalta en cada uno de sus lugares.
Los asientos de madera, la chimenea alimentada a leña, la ronda de mate que no reconoce fronteras, idiomas distintos, tonadas locales y la calidez de un pueblo que aunó esfuerzos para recuperar este hito de tradición e historia.
Los talleres en el Maitén encierran verdaderas joyas de museo donde los expertos maquinistas conocen las locomotoras y cada una de las piezas que las componen. Se aferran a un trabajo casi artesanal que les propone enseñar este pequeño pueblo al mundo.